Autocontrol y autodiagnóstico del conductor.

Autocontrol y autodiagnóstico del conductor
AUTOCONTROL Y AUTODIAGNÓSTICO DEL CONDUCTOR.
Cómo influyen las emociones en la conducción
Un reciente estudio, elaborado por una empresa dedicada a la formación en materia de seguridad, afirma que al 40 por ciento de los conductores le altera las incidencias propias del tráfico. Por otro lado, un 24 por ciento tiene predisposición a reaccionar de forma agresiva mientras conduce.
Parece evidente, por tanto, que las emociones influyen en la conducción. El autocontrol y la calma se convierten en los mejores antídotos contra los nervios al volante, una circunstancia ésta que, llevada al límite, puede terminar en una sanción y, lo que es peor, en un accidente de tráfico.
El estudio, realizado por Cesvi, analiza la relación causa-efecto entre las situaciones que más estresan a los conductores y las multas, sanciones y partes de accidentes sufridos por éstos. De esta forma, los usuarios a los que más afectan las eventualidades en el tráfico (retenciones, prisas, vehículos lentos…) reciben más del doble de sanciones o multas y se ven obligados a cumplimentar un 30 por ciento más de partes de accidentes.
Al parecer, las personas muy competitivas, los impacientes, intolerantes y los más perfeccionistas son los conductores con mayor propensión a sufrir este tipo de problemas. El control emocional es una virtud en cualquier aspecto de la vida y la conducción no es una excepción.
El informe, realizado gracias a la aportación de un grupo de conductores , concluye que los conductores que carecen de control emocional tienen un 90 por ciento de posibilidades de cumplimentar un parte de accidentes en los dos años siguientes. Sólo el 17 por ciento de los conductores estudiados fueron capaces de mantener inalterable su atención durante la prueba.
Las situaciones que más nerviosos nos ponen al volante son:
- Llevar un vehículo circulando muy pegado por detrás (62%).
- Conducir con prisas para llegar a nuestro destino (37%).
- Un coche de alta gama que intenta colarse (36%).
- Atascos y retenciones (35%).
- El coche precedente circula despacio (27%).
- El miedo es uno de los estados que más afecta a los conductores, aunque la iray otras alteraciones emocionales agresivas son las más perjudiciales a la hora de conducir.
Por otro lado, las actitudes negativas ante las situaciones cotidianas del tráfico aumentan las probabilidades de sufrir un accidente.
La actitud positiva es fundamental cuando nos ponemos en marcha cada día. Debemos tratar de controlar las emociones al volante, por propia seguridad y por la de terceros. En un asunto tan serio como la conducción, ni la ira ni el estrés deben vencer al lado más equilibrado y racional que todos los conductores poseemos.
El autocontrol comienza por la tarea de conocerse a uno mismo, en siete vertientes:
* nivel de atención que soy capaz de mantener durante la conducción,
* conciencia de riesgo, evaluando las consecuencias de mis propios actos,
* resistencia a la presión grupal en función de mis propios criterios,
* observación y análisis constantes del entorno,
* adaptación y flexibilidad ante la variabilidad del tráfico,
* gestión de mis propias emociones antes de conducir,
* gestión del estrés ante las situaciones del tráfico.
Pero no todo es conocerse. Dicen las estadísticas que la franja de edad más castigada por la mortalidad vial es la que va de los 15 a los 29 años. ¿Qué ocurre con los jóvenes de estas edades? Quizá haya un poco de todo: falta de experiencia a los mandos del vehículo y sobrevaloración de las propias capacidades, excesiva necesidad de autoafirmación y reconocimiento y poca resistencia a la presión grupal… Como diría mi abuela, se juntan el hambre con las ganas de comer. O, tal y como lo explica Dionisio Contreras Casado:
Lo que nos interesa es conocer las emociones que subyacen a esas conductas de alto riesgo en la conducción, en la que, en muchas ocasiones, están presentes sentimientos de omnipotencia e inmortalidad que dan lugar a simultanear consumos de alcohol y drogas con conducción, o conducción temeraria y peligrosa en la que no se prevén las consecuencias. Ciertas condiciones promueven que un joven tenga más riesgo de comportamientos de este tipo (conducción no responsable) o tendencias autodestructivas. No obstante, ni estas conductas ni la falta de autocontrol son patrimonio exclusivo de los jóvenes.
¿Qué se puede hacer ante esto? Quizá la educación emocional sea la respuesta a muchos de los problemas de nula o inadecuada educación vial. Quien aprende a reconocer y a dominar sus propias emociones, cuando se pone a los mandos de un vehículo es capaz de responder de una forma más segura y eficaz a los diferentes avatares del tráfico, se cansa menos y disfruta más de su camino.
¿Cómo enderezar la situación? Asumiendo que somos seres imperfectos, que cometemos errores y que estos errores nos sirven para aprender. Y asumiendo que el resto de usuarios de la vía también son seres imperfectos, que cometen errores, y que estos errores nos sirven para aprender. Si somos capaces de pensar sinceramente de esta manera, ya tendremos mucho terreno ganado. Dejaremos de ver al resto de usuarios de la vía como fieros competidores, dejaremos de vernos a nosotros mismos como reyes de la carretera y comenzaremos a relajarnos con el acto de conducir.