Una norma europea sobre emisiones contaminantes es un conjunto de requisitos que regulan los límites aceptables para las emisiones de gases de combustión interna de los vehículos nuevos vendidos en los Estados Miembros de la Unión Europea. Las normas de emisión se definen en una serie de directivas de la Unión Europea con implantación progresiva que son cada vez más restrictivas.


Actualmente, las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOX), Hidrocarburos (HC), Monóxido de carbono (CO) y partículas están reguladas para la mayoría de los tipos de vehículos, incluyendo automóviles, camiones, trenes, tractores y máquinas similares, barcazas, pero excluyendo los barcos de navegación marítima y los aviones. Para cada tipo de vehículo se aplican normas diferentes. El cumplimiento se determina controlando el funcionamiento del motor en un ciclo de ensayos normalizado. Los vehículos nuevos no conformes tienen prohibida su venta en la Unión Europea, pero las normas nuevas no son aplicables a los vehículos que ya están en circulación. En estas normas no se obliga el uso de una tecnología en concreto para limitar las emisiones de contaminantes, aunque se consideran las técnicas disponibles a la hora de establecer las normas.

Las emisiones de HC, las cuáles son medidas en partes por millón (PPM), se generan por una mala ignición (una bujía o un cable de bujía en mal estado), un pobre encendido (un incorrecto ajuste al carburador o fugas en el vacío que crean una mezcla pobre al momento del encendido), pérdida de compresión (por fuga o una válvula de escape quemada) o por un motor desgastado lo que causa que queme aceite (guías de válvulas, anillos o cilindros usados).

Para controlar las emisiones de hidrocarburos es necesario mantener la mezcla de combustible, ésta no deber ser ni muy pobre ni muy rica a la hora del encendido, se debe conservar la cámara de combustión completamente sellada (buenos anillos y válvulas) y mantener el sistema de ignición (cambiando las bujías y los cables de manera periódica).

Los HC que se producen en el motor son calcinados en el convertidor catalítico y se transforman a vapor de agua y dióxido de carbono.

Óxidos de Nitrógeno (NOX)

El nitrógeno crea el 78% del aire que respiramos. Aunque normalmente es inerte y no se involucra directamente en el proceso de ignición, en temperaturas de combustión por arriba de los 1370°C el oxígeno y el nitrógeno se combinan formando varios componentes llamados “óxidos de nitrógeno”. Este evento ocurre normalmente cuando el motor tiene mucha carga y la válvula reguladora está completamente abierta.

Los NOX en concentraciones pequeñas en partes por millón, pueden causar irritaciones en los ojos, nariz y pulmones, así como dolores de cabeza. En altas concentraciones pueden provocar bronquitis y agravar otras enfermedades relacionadas con los pulmones. Una vez en la atmósfera, reaccionan con el oxígeno para formar ozono (el cuál es también tóxico para respirar) y smog.

Para reducir la formación de NOX, se utiliza un dispositivo llamado Escape de Recirculación de Gas (EGR por sus siglas en inglés). Éste al recircular una pequeña cantidad  de gas de escape y ponerlo de vuelta en la entrada de aire para diluir la mezcla de aire-combustible, se genera un efecto  de “enfriamiento” en la combustión, manteniendo así las temperaturas por debajo de la formación del NOX.

A partir de 1981 en EUA y en motores posteriores a ese año con control computarizado, un convertidor catalítico especial denominado “three-way” se empezó usar para reducir el NOX en el escape. La primera cámara del convertidor contiene una especial “reducción” que cambia al NOX en hidrógeno y oxígeno. La segunda cámara retiene la “oxidación” la cual calcifica el CO y el HC también.

Emisiones de Vapor

Los vapores de combustible que emanan del tanque pueden ser otra fuente de smog y contaminación del ozono. Es por ello que en los últimos 20 años los tanques de combustible han sido mejor sellados para prevenir la pérdida de estos vapores.

Un tanque de combustible debe tener cierta ventilación para que éste pueda “respirar” durante los cambios de temperatura y cuando el motor está trabajando. Para hacerlo varias mangueras están conectadas a una frasco lleno de carbón usualmente localizado en el compartimento del motor. Las partículas de carbón en el recipiente succionan y guardan los vapores cuando el motor no está trabajando. Después, cuando el motor es encendido, una “válvula de purga” se abre para direccionar los vapores al motor donde son quemados.

Si el frasco o algunas de las mangueras tiene alguna fuga (o la tapa de gasolina no está bien sellada) los vapores del combustible pueden escaparse a la atmósfera rápidamente. La cantidad de contaminación realmente se acumula, especialmente durante la temporada de calor. En algunos centros de emisiones se controla la presión del tanque de combustible así como el flujo de la “válvula de purga”.

    

15 maneras de hacer que tu coche contamine menos
Buenos hábitos (y un mantenimiento correcto) para que las emisiones de CO2 de los vehículos se reduzcan al mínimo.
La emisión de gases contaminantes se puede reducir cambiando las costumbres.

Aestas alturas no hay dudas de que el CO2 que sale por el tubo de escape de los coches es una causa importante de contaminación en las ciudades. No obstante, si no hay más remedio que usar el coche, el Día Mundial del Medio Ambiente es buen momento para recordar que se puede reducir el impacto de los vehículos si se tienen en cuenta algunas premisas.

Lo primero que debemos tener claro es que un coche contamina principalmente por tres causas: las emisiones de gases contaminantes, que producen los motores de combustión; el alto consumo de combustible, derivado de una conducción poco eficiente; y por los residuos generados durante su reparación o mantenimiento, sobre todo cuando no somos cuidadosos con nuestro vehículo. ¿Cómo reducirlas?
Evitar los gases contaminantes
Todo motor térmico de combustión por medio de gasolina o gasoil genera humos que se vierten directamente en la atmósfera. Este humo está compuesto por CO2, el principal causante del efecto invernadero en nuestro planeta y de que las ciudades sean poco respirables. ¿Qué podemos hacer?

1. No dejar el coche en marcha. Si vamos a parar durante más de un minuto conviene detener el motor para dejar de emitir gases. Sería conveniente desterrar prácticas tan comunes en verano como esperar durante largo rato a alguien con motor en marcha y el aire acondicionado puesto para estar más frescos.

2. Revisar el tubo de escape y el catalizador. El sistema de escape de los automóviles es el lugar donde se procura atrapar el máximo posible de sustancias nocivas derivadas de la combustión antes de ser emitidas a la atmósfera, por ello es imprescindible asegurarnos de que no hay fugas. Por otra parte, una mala combustión del motor puede producir mayor cantidad de humo. Puedes distinguir los problemas del coche según el color del humo que sale del tubo de escape.

3. No correr. Moderar la velocidad es una buena solución contra la huella de carbono. Es conveniente evitar los acelerones, como cuando salimos de un semáforo o queremos hacer un adelantamiento. Por descontado, tampoco es bueno dar pequeños acelerones en punto muerto, ni cuando arrancamos, ni cuando estamos parados en un paso de cebra o semáforo.

4. Usar las marchas adecuadas. Salir siempre en primera y cambiar progresivamente a segunda y tercera antes de revolucionar el motor más de la cuenta. Después es preferible circular con marchas largas y con las revoluciones bajas, manteniendo siempre una velocidad constante. De esta manera el motor irá más desahogado y producirá menor combustión. En los motores de gasolina es mejor cambiar de marcha alrededor de las 2.000 revoluciones por minuto; sin embargo, en los diésel entre las 1.500 y las 2.000.

5. Comprobar la batería y los sistemas de encendido. Tanto las bujías en vehículos de gasolina como calentadores en los diésel deben estar en buenas condiciones, ya que son los que proporcionan al motor una combustión mucho más eficaz. Precisamente los combustibles mal quemados son los principales causantes de la contaminación.

6. Compartir coche. Se trata de una de las mejores opciones para descontaminar las ciudades porque se reduce el número de coches soltando humo en nuestras ciudades. Existen varias opciones de carsharing, incluidas las que nos permiten disfrutar de un mismo coche a varias personas. Si además optamos por un servicio de alquiler por tiempo de coche eléctrico, nos aseguraremos de que nuestro trayecto es 100% cero emisiones.

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Reducir el consumo de combustible
Es evidente que cuanto más combustible consuma nuestro coche mayor huella de carbono dejará en la atmósfera, por eso conviene que tengamos en cuenta algunas prácticas que nos permitan controlar ese consumo. ¿Qué podemos hacer?

7. Planificar bien la ruta. Elegir la vía más corta y la menos congestionada ayudará sin duda a reducir la emisión de gases.

8. Limitar el uso de aire acondicionado. El aire acondicionado gasta un 20% más de combustible, por lo que conviene tenerlo apagado en momentos en los que no es tan necesario. Como, por ejemplo, cuando vamos despacio y podemos bajar las ventanillas. Por el contrario, si aumentamos la velocidad y llevamos las ventanillas abiertas, además de ser un tormento para los oídos, el coche tiene menos aerodinámica y precisa de más combustible para circular, por lo que contamina más.

9. Revisar las ruedas. Tanto la presión de los neumáticos, como el estado de la banda de rodadura y la profundidad del dibujo de la misma (nunca inferior a 1,6 mm) influyen directamente en el consumo total de un vehículo. Por ello conviene que se revisen una vez al mes y en frío.

10. Evitar el exceso de equipaje. No conviene sobrecargar el coche, ni mucho menos utilizar el maletero como lugar de almacenaje, ya que por cada 100 kilos de peso extra se incrementa el gasto de combustible un 5%. Por otra parte, llevar puesta la baca (si no se usa) supone también un consumo de combustible innecesario.

11. Mantener limpio el sistema de inyección. Es una de las mejores formas de evitar un mayor consumo de combustible.

12. Revisar el filtro de aceite. Un motor bien lubricado expulsa menos humo y además mantener el filtro de aceite limpio para que entre aire correctamente influye directamente en el consumo.

13. Anticiparse en las maniobras. Conducir con anticipación evitando los frenazos bruscos y sabiendo gestionar la inercia del vehículo para aprovechar mejor el combustible nos ayudará también a reducir el CO2. Por ejemplo, si al llegar a un semáforo que está en rojo dejamos de pisar el acelerador para aprovechar el impulso en lugar de frenar de golpe al llegar a él, nos moveremos sin tener que gastar combustible.

Controlar los residuos por mantenimiento
La contaminación no solo se produce por el humo que sale del tubo de escape, ya que el cambio de piezas, líquidos y otros repuestos que derivan de roturas o desgastes también generan una serie de residuos nocivos para el medio ambiente. En este caso las soluciones parten de un cuidado óptimo del vehículo para que ni el mantenimiento ni las reparaciones durante su vida útil sean demasiado graves. ¿Qué podemos hacer?

14. Mantener el coche a punto. Realizar las revisiones periódicas necesarias para evitar que el vehículo sufra mayores deterioros con el tiempo o el uso. Es importante vigilar el nivel de aceite ya que el correcto engrase de las piezas móviles del motor es lo que hace que un motor dure más y no haya que sustituir piezas debido al efecto de la fricción. Por otra parte, es preciso mantener bien alineada la dirección y un correcto estado de los amortiguadores para desgastar menos las ruedas y los frenos.

15. Adquirir un coche nuevo. Si el coche es demasiado viejo y solo acumula averías y reparaciones, es probable que contamine mucho más. En este caso lo ideal es plantearse adquirir uno nuevo, aunque normalmente la economía no acompaña a la intención en estos casos. Pero, si fuera posible, lo mejor es optar por un vehículo eléctrico que aporta 0 emisiones de CO2. O uno híbrido, que nos va a permitir contaminar lo menos posible en ciudades.

    

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