Conceptos de velocidad
LA VELOCIDAD
GENERALIDADES
¿COMO PERCIBIMOS A LA “VELOCIDAD”? CONDUCIENDO UN VEHÍCULO
La velocidad está siempre presente cuando nos conducimos con un vehículo. Es más, podría decirse que aún cuando estamos detenidos estamos en velocidad (por los movimientos terrestres). El tema en cuestión aquí es analizar el grado de certeza que tenemos al frente de un vehículo al momento de calcular velocidades.
CONCEPTOS BÁSICOS
En materia de velocidad se suelen distinguir los siguientes conceptos básicos:
- Velocidad limitada
- Velocidad adecuada
- Velocidad anormalmente reducida
VELOCIDAD LIMITADA
Existe limitación de velocidad siempre que haya prohibición de circular a velocidad superior a aquélla que esté fijada bien con carácter general para cada tipo de vía, según las distintas categorías de vehículos, o bien con carácter concreto y específico por las correspondientes señales.
La velocidad limitada también puede estar impuesta en razón a las condiciones del conductor o del transporte que se realice.
Circular manteniéndose dentro de los límites genéricos o específicos es hacerlo a una velocidad
limitada. Circular rebasando esos límites genéricos o específicos es hacerlo a un exceso de velocidad.
Velocidad inadecuada es una velocidad no adaptada a las circunstancias, es decir, aquélla que, por razón de la vía, de las condiciones atmosféricas, del tráfico, del conductor o del propio vehículo, impide que el conductor pueda ser dueño del movimiento del vehículo en cualquier momento y situación.
VELOCIDAD ADECUADA
Es posible circular a velocidad inadecuada sin exceso de velocidad. Mantenerse dentro de los límites genéricos o específicos de velocidad no significa conducir a una velocidad segura, o adecuada, concepto éste que equivale a:
• Amoldar la velocidad a las condiciones de la vía, del vehículo, del entorno y del propio conductor. Por ejemplo, conducir un turismo en una autopista a 120 kilómetros por hora es hacerlo cumpliendo con los límites genéricos de velocidad, pero hacerlo cuando la nieve, la lluvia, el tráfico, etc., impone moderarla es marchar a una velocidad peligrosa e inadecuada, en la que el conductor deja de ser tal y pasa a ser conducido por su propio vehículo, al que no puede dominar.
• Amoldar la velocidad a las condiciones de visibilidad. Sean cualesquiera las circunstancias, una regla segura es no circular a más velocidad de la que permita prácticamente completar la frenada dentro del espacio visible al frente, ya sea que la disminución de visibilidad venga motivada por la configuración de la vía, el tipo de alumbrado que se utilice, etc.
Por otra parte, la señalización de la vía está dispuesta para el conductor de tipo medio y para una velocidad "Standard", de manera que, si se circula a mayor velocidad de la establecida, habrá problemas para adaptarse a la vía, y la información parecerá errónea y deficiente, al no estar ajustada a esa velocidad.
Una velocidad superior supone una mayor atención y actividad mental y eso equivale a un mayor consumo de energía, es decir, al conductor le sobrevendrá el cansancio mucho antes que si se va más despacio, ya que ese relajamiento ralentizará el consumo de esas energías, manteniéndole en unas condiciones aceptables.
A mayor velocidad se recorre un mayor espacio en el mismo tiempo, lo que equivale a decir que se precisa una mayor anticipación en todas las acciones a realizar y en la información a recibir, lo que no siempre es posible; supone disponer de un menor tiempo para recibir información y resolver los problemas que el tráfico y la vía plantean en cada momento. El ajuste de la velocidad al conductor (condiciones físicas y psíquicas), al vehículo (mecánica, neumáticos, carga, etc.), a la vía (trazado, pavimento, humedad, visibilidad, señales, etc.) y al tráfico (trayectorias, velocidades, etc.) es una tarea ardua y complicada que requiere su tiempo; realizarla más deprisa aumenta la probabilidad de error. Otro factor a tener en cuenta es la disminución del campo visual con el aumento de la velocidad, llegando, incluso, a aparecer la visión en túnel, que equivale a perder parte de la visión periférica y, por consiguiente, a prescindir de cierta información visual que llega por los laterales.
Hay que tener en cuenta que es precisamente la falta de adecuación de la velocidad a las distintas y cambiantes situaciones y circunstancias de cada momento la que, con más frecuencia, es causa de numerosos y graves accidentes de circulación.
Moderar la velocidad es adecuarla a las circunstancias que se den en cada caso, como cuando el conductor se aproxima a una intersección o glorieta.
VELOCIDAD ANORMALMENTE REDUCIDA
En el fondo es una modalidad de la velocidad no adecuada, ya que, si es peligroso circular a un exceso de velocidad o a velocidad excesiva, también es peligroso circular sin causa justificada a
velocidad anormalmente reducida para lo que exigen las circunstancias del tráfico. Un conductor que, sin necesidad, circula a velocidad anormalmente reducida está provocando continuamente alteraciones del tráfico y situaciones de peligro. En efecto, obliga a los demás a realizar continuos adelantamientos, provoca continuos frenazos y aceleraciones, ocasiona largas colas de vehículos, distorsiona el normal desarrollo del tráfico, le resta fluidez y seguridad y también cortesía. Es el caso de aquellos conductores que, ya tranquilos por no tener prisa o crispados al volante por ser timoratos, además de no arrimarse todo lo posible al borde derecho de la calzada, provocan las iras y el nerviosismo de los demás conductores. Se comportan como si la carretera hubiera sido hecha sólo para ellos, olvidándose de que es para todos y que están obligados a un uso normal y compartido de la misma.
LA VELOCIDAD Y EL ADELANTAMIENTO
La velocidad juega un importante papel en los adelantamientos. En efecto, antes de iniciar el adelantamiento el conductor tiene que tener en cuenta la velocidad del vehículo que conduce, la del que circula en sentido contrario, la del que va a adelantar y la establecida con carácter genérico o específico para cada lugar o circunstancia, además del espacio disponible para efectuar el adelantamiento, (iniciarlo y terminarlo).
Ello exige al conductor que intenta adelantar:
• Estar seguro de que la potencia y estado del vehículo que conduce y sus propias posibilidades como conductor le permiten realizar la maniobra, es decir, que el tándem conductor-vehículo sea capaz de alcanzar la velocidad necesaria como para adelantar, pues de nada serviría que el vehículo tuviera la potencia suficiente si el conductor no es capaz de imprimirle el ritmo o poner la relación de marchas necesaria para lograr la velocidad requerida y recorrer el espacio previsto.
• Observar que la velocidad del vehículo que circule en sentido contrario permite realizar la maniobra sin peligro ni entorpecimiento.
• Observar si la velocidad del vehículo que precede y se pretende adelantar, permite realizar la maniobra rápidamente, en el menor tiempo y espacio posibles. No se adelantará mientras la velocidad del vehículo al que se pretende adelantar no permita realizar la maniobra rápidamente y con seguridad.
• Valorar si para adelantar va a verse obligado a rebasar la velocidad máxima permitida. A este respecto, debe tenerse en cuenta que los límites de velocidad máxima genérica permitidos para circular por autopistas o autovías, vías urbanas y travesías no pueden ser sobrepasados por ningún vehículo para realizar adelantamientos. Sin embargo, los límites genéricos establecidos para las carreteras convencionales y vías para automóviles pueden ser rebasados en veinte kilómetros por hora sólo por turismos y motocicletas para adelantar a otros vehículos, salvo que estos últimos circulen ya a la velocidad máxima autorizada para la vía. Las limitaciones concretas y específicas fijadas mediante señales no pueden ser sobrepasadas en ningún caso, ni siquiera para adelantar.
• Calcular el espacio que va a necesitar y compararlo con el disponible, no solamente el lugar donde va a comenzar la maniobra, si no donde finalizará el adelantamiento volviendo a su carril, todo ello, teniendo en cuenta las velocidades antes mencionadas.
Pero, como el adelantamiento es una maniobra en la que, al menos, intervienen dos conductores, el que adelanta y el adelantado, en materia de velocidad las obligaciones han de afectar a ambos y el adelantado debe colaborar no aumentando su velocidad o reduciéndola si fuera preciso para evitar una situación de peligro.
Excepcionalmente el conductor que esta siendo adelantado podría acelerar cuando observara que el que pretende adelantarle desiste, ante la imposibilidad de finalizarlo con seguridad, con el fin de facilitar su vuelta al carril
Velocidad
es la magnitud física que representa el espacio recorrido en una unidad de tiempo. En tanto que la rapidez es el movimiento acelerado.
La industria automotriz diseña vehículos que presentan la información en km/h., mientras que los humanos nos movemos en mts/seg.
La velocidad real puede en muchos caso no coincidir con el nivel de percepción subjetiva que tenga el conductor. El grado de distorsión se vincula con las condiciones físicas y/o psíquicas que éste presenta.
Constantemente un conductor en base a su percepción, estima velocidades; un claro ejemplo de esto es cuando tiene que adelantar a otro vehículo y observa que de frente viene otro en sentido contrario
De lo cual se desprende que un “mal cálculo” puede resultar en una maniobra que implique un alto nivel de riesgo e incluso la posibilidad de un siniestro.
Como conductores debemos conocer que no somos “exactos” para el cálculo de velocidades y tener siempre un “colchón de seguridad” extra al que nos brindan nuestros sentidos.
Entre las causas de accidentes imputables al factor humano la velocidad tiene una gran trascendencia, hasta el punto de ostentar el triste privilegio de ocupar, uno de los primeros lugares entre las causas de los accidentes de circulación, tanto en carretera como en ciudad. Un porcentaje importante de los accidentes de circulación ocurridos tanto en carretera como en vías urbanas son debidos a comportamientos incorrectos del conductor por no adecuar o ajustar la velocidad a las circunstancias de cada momento, es decir, por circular a velocidad inadecuada o peligrosa o por sobrepasar la velocidad establecida. Estas afirmaciones, están avaladas con datos estadísticos obtenidos del análisis riguroso de los propios accidentes de circulación.
La velocidad es, pues, esencial para la seguridad vial. Las altas velocidades exigen una mayor atención del conductor que, constantemente, tiene que ajustar o adecuar la velocidad de su vehículo a las características de la vía, a las condiciones meteorológicas o ambientales, a las señales que la regulan; en definitiva, a las distintas y cambiantes situaciones del tráfico, las cuales representan las exigencias a las que el conductor tiene que hacer frente, dando una respuesta adecuada.
VELOCIDAD Y CAMPO VISUAL
El campo visual (área de visión nítida),disminuye debido al incremento de la velocidad a la que se circula. A continuación presentamos un gráfico que indica el campo visual del que dispone el conductor en relación a distintas velocidades. A mayor velocidad, el campo visual, se va plegando como si fuera un “abanico”.Los riesgos de accidente crecen con el incremento de la velocidad, porque, a mayor velocidad, se reducen las capacidades de respuesta del conductor, al propio tiempo que crecen las exigencias. En efecto, a mayor velocidad, mayor será la distancia de frenado, mayor la distancia de reacción, mayor la distancia de separación o intervalo de seguridad a mantener entre vehículos; es decir, el aumento de velocidad llevará consigo un incremento de los riesgos.
El conductor debe adaptar la velocidad. Adaptar la velocidad es evitar, en todas las circunstancias, una velocidad excesiva. Es preciso circular de tal manera que la distancia de detención sea siempre más corta o al menos la misma, que la distancia libre visible delante del vehículo.
El conductor, además, debe saber adaptar la velocidad. De hecho, adaptar la velocidad quiere decir ser capaz de detener el vehículo en cualquier circunstancia ante el obstáculo, aunque sea inesperado.

Para saber adaptar la velocidad, es muy útil conocer la velocidad expresada en metros recorridos por segundo, porque las situaciones ante las que hay que reaccionar no se producen en horas, sino en pocos segundos o en fracciones de segundo.
Como ejemplo, he aquí algunas cifras:
30 km/h: 8,3 metros por segundo
50 km/h: 13,8 metros por segundo
80 km/h: 22,2 metros por segundo
100 km/h: 27,7 metros por segundo
120 km/h: 33,3 metros por segundo
Igualmente hay que tener en cuenta las distancias de detención correspondientes a esas distintas velocidades y recordar que son proporcionales al cuadrado de la velocidad. Una estimación bastante precisa se obtiene multiplicando por sí mismo el número de las decenas de la velocidad horaria. Sobre ruta llana y con pavimento seco, estas distancias son, aproximadamente, las siguientes:
30 km/h: 3 x 3 = 9 metros
50 km/h: 5 x 5 = 25 metros
80 km/h: 8 x 8 = 64 metros
100 km/h: 10 x 10 = 100 metros
120 km/h: 12 x 12 = 144 metros
LAS LIMITACIONES DE VELOCIDAD
Todos los conductores no tienen la misma seguridad a una determinada velocidad. Tampoco los vehículos que circulan por la vía tienen la misma seguridad, variando notablemente con la velocidad. Las vías, según su construcción, ofrecen distinto margen de seguridad y, dentro de ellas, hay puntos concretos donde la velocidad adecuada es muy inferior a la media, siendo preciso advertirlo mediante las correspondientes señales.
Centrando la cuestión en el factor humano, no todos los conductores tienen la misma agudeza visual, ni los mismos reflejos, ni los mismos conocimientos, etc., por lo que en ocasiones hay conductores que opinan, con cierta lógica, que la limitación de velocidad que actualmente hay establecida es demasiado alta o baja para él, que no debería haber limitación de velocidad, de manera que cada conductor decidiera de acuerdo con sus habilidades, estado, etc. Esto equivale a decir que los conductores no podrían saber a qué velocidad se aproximan otros vehículos por esa misma vía o por la que pretenden cruzar o a la que intentan incorporarse, con el riesgo que ello supone. Si se desea advertir de un peligro a los otros conductores, la señalización debe estar a una distancia tal que les permita una reducción progresiva de velocidad, pero al variar ésta según los conductores, y el vehículo se plantearía un verdadero dilema:
¿dónde colocar las señales?, ¿qué señal colocar?.
Además, no todos los conductores son tan conscientes y tienen los conocimientos suficientes como para poder determinar la velocidad que deben llevar en cada momento, y así lo demuestra la estadística de los accidentes, pues habiendo señales y limitaciones de velocidad, hay muchos accidentes por velocidad inadecuada, velocidad que ha establecido libremente el propio conductor por creerla correcta.
Otra razón es por economía. Muchos países, entre ellos el nuestro, no se pueden permitir el lujo de derrochar combustible, por lo que establecen un límite de velocidad para reducir el consumo de aquél en un porcentaje apreciable.
Existen también razones derivadas de la propia carretera. El conductor no la ha construido y no sabe los peligros que tiene, por lo que debe advertírsele dónde disminuir la velocidad para evitar el accidente. Tampoco existen carreteras donde se pueda circular sin límites de velocidad, por reunir una serie de características ideales que hagan prácticamente imposible el accidente.
Dado que el tema de una modificación de los límites genéricos de velocidad es tan complejo que no puede contemplarse desde un punto de vista único, se acordó desglosar el problema genérico en los siguientes específicos:
•Relación entre velocidad y accidentalidad.
•La velocidad y el factor humano: oposición social, fallos humanos, lesiones físicas.
•La velocidad y la infraestructura: diseño, elementos de seguridad activa, limitaciones específicas, señalización.
•La velocidad y el vehículo: estado mecánico del parque, seguridad activa, seguridad pasiva.
•La velocidad y el medio ambiente.
•Efectos económicos del cambio.
•Situación internacional: normativa y experiencias de los países de nuestro entorno.
Mejora de los vehículos en relación con la seguridad
Durante más de dos décadas y con mayor intensidad en los últimos años, los vehículos automóviles han experimentado muy notables mejoras en lo que se refiere a la seguridad, tanto activa como pasiva, así como en su potencia y velocidad que pueden desarrollar.
Por lo que a la potencia y velocidad máxima de los vehículos se refiere, es evidente que la construcción de vehículos, dentro del marco normativo, con posibilidad de alcanzar velocidades muy superiores a los límites genéricos legalmente establecidos es una contradicción y, a la vez, constituye una cierta invitación implícita a sobrepasar los indicados límites.
En el supuesto lógico y exigible del cumplimiento de los límites máximos autorizados, la mayoría de los vehículos tienen motores muy potentes que consumen más combustible del estrictamente necesario para la utilización que se hace de él y contaminan más.
La potencia, muy relacionada con la velocidad máxima del vehículo, puede contemplarse, no obstante, bajo un aspecto más positivo para la seguridad que el de aceleración. En algunos casos, una maniobra evasiva oportuna y realizada en un intervalo de tiempo suficientemente corto puede permitir dar respuesta a situaciones comprometidas y evitar accidentes.
Como conclusión se puede señalar que, salvo el uso inadecuado que los usuarios puedan hacer de unos vehículos con relaciones potencia/peso muy elevados, los automóviles actuales incorporan un gran número de tecnologías que aumentan objetiva y significativamente sus niveles de seguridad activa y pasiva. Los automóviles de nueva generación son mucho más seguros que los de hace sólo unos pocos años.
Efecto de la mejora de la seguridad de los vehículos sobre la seguridad del tráfico
Aunque no existen resultados de investigación suficientes para disponer de una evaluación completa e irrefutable sobre la proporción en la que las mejoras objetivas de seguridad de los vehículos se traducen en la disminución previsible de accidentes y reducción de los daños que ocasionan, sí es posible
establecer que muchas de las mejoras no tienen la influencia positiva esperable, debido a la adaptación de la nueva situación que hacen muchos conductores, manteniendo análogos niveles de riesgo percibido y exigiendo mayores prestaciones a los vehículos, en lugar de beneficiarse del aumento de seguridad que se les ofrece.
Una conclusión general que puede establecerse es que los vehículos de más elevadas potencias, que en general incorporan tecnologías que les confieren mayores niveles de seguridad, no se ven implicados en menos accidentes, incluso suelen producir un nivel más alto de reclamación de daños a las compañías de seguros que los vehículos pequeños.
Como es natural, no se puede deducir de lo anterior que los niveles reales de seguridad de estos vehículos sean inferiores a los previstos en su diseño. Tampoco se puede extrapolar a la situación que se produciría si todos los vehículos fuesen de altas prestaciones. En este caso puede ocurrir el hecho de que buena parte de los conductores que demandan vehículos más potentes están especialmente motivados por la velocidad o asuman niveles de riesgo más elevados con su estilo de conducción; al mismo tiempo, no puede descartarse que con vehículos menos equipados tecnológicamente, esos mismos conductores podrían sufrir aún mayores daños.
Como resumen de todo lo dicho en este punto se puede señalar que:
•Los vehículos actuales son realmente más seguros que los que les han precedido, pero ello no produce mejoras reales en la seguridad del tráfico en la medida de lo esperado según los incrementos objetivos de seguridad alcanzados.
•Se observan notables diferencias en los efectos de las mejoras, según la naturaleza de éstas y la percepción que de ellas tengan los conductores.
LA VELOCIDAD Y EL MEDIO AMBIENTE
La opinión genérica parece ser que, con la producción actual, un incremento de la velocidad se traduce en un incremento del consumo y, en consecuencia, de emisiones contaminantes.
En cuanto a la emisión de gases, el incremento que representaría el aumento de velocidad (de 120 a 140 kilómetros por hora) sobre el total de emisiones a la atmósfera en España, sería del 0,24% sobre el
total de CO2 que emiten todos los sectores de la sociedad.
Hay quienes entienden, al contrario, que en general, a mayor velocidad media de circulación, menor emisión de contaminantes, pero aceptan la excepción de los óxidos de nitrógeno y dióxidos de carbono, como consecuencia de un mayor consumo de combustible.
Por otro lado, partiendo de la base de que existen escasísimos estudios a nivel nacional e internacional que hagan referencia a la contaminación acústica y a las modificaciones de los niveles acústicos en relación a la velocidad según la clasificación de niveles de ruido debidos a la rodadura y sonido del motor de los vehículos, se puede destacar que el paso de una velocidad de circulación de 120 a 140 kilómetros por hora supondría un aumento de, al menos, el 10% de los niveles sonoros que, en función de la IMD de la carretera, puede ser una magnitud bastante sustancial.